Soy tu cuaderno...
Me recuerdas, soy tu cuaderno, te acompañe por mucho tiempo fui parte de tu niñez, de aquellos primeros garabatos, las formas, y tus primeras vocales, fui parte de tu repetición y la constancia, de paginas enteras practicando tus trazos, fui mas rayado que una cebra, estuve alli cuando hiciste tu primer dibujo; el mar azul, las olas, el sol en lo alto y unas aves en el horizonte surcando los cielos, que parecian moverse por tu imaginación y el sueño de conocerlas.
Recuerdas el día antes de empezar en el jardín de infantes, me escogiste, me compraste, me llevaste a casa y me diste tu toque personal, me pusiste una cubierta y un membrete con el nombre que aún no podías escribir ni tan siquiera leer. Tu madre ayudo con el diseño, producción y decoración de la caratula para tu primer dia de clases, fue el dibujo de tu superheroe favorito con una espada en la mano aun cuando tu justiciero no estaba ni cerca de portar una como arma de defensa.
En la secundaria, fui parte de tu proceso habitual de mutilación, ¿Cuántas hojas arrancaste de mí?, para ser parte de aquellos exámenes sorpresa, adelgacé casi hasta la extinción. Fui usado como parte primordial de tu proceso de juego, con cada hoja que tomabas y te creías un experto del origami, con tu mejor intento de un avión, que bien lo lanzaste del tercer piso y fue un acierto con sabor a victoria cuando chocó con los pies del director.
Estuve contigo cuando tu adolescencia me convirtió en un lienzo para tu arte, especialmente sobre aquella chica que te gustaba. Los corazones atravesados por una flecha eran más frecuentes que tus anotaciones sobre el trinomio cuadrado perfecto o el uso correcto del pasado participio. ¿Recuerdas el día en que te armaste de valor y, como un gran espía, preparaste tu mejor mensaje cifrado? Hablaste con tu complice amigo y le pediste que esa parte de mí fuese entregada en las manos de tu platonico amor.
Las miradas y tu tartamudeo fueron más que evidentes después de completar con éxito la mayor hazaña heroica; y, pues sí, ella aceptó verse contigo después de clase, lo que culminó en el beso que no olvidarás.
Soy parte de la convencionalidad y rutina diaria: la lista de compras, el detalle de los repuestos para tu coche, la dirección de aquel café que te recomendaron o la nota de la saga que juraste ver cuando llegue el verano. Aún hoy me usas para tomar nota de lo esencial, y voy formando parte de la evolución; ahora estoy en tu ordenador, tu celular, tu tablet. Eres consciente del mundo que te rodea y lo entiendo, quieres hacerlo mejor; sin embargo, cuando te sientes austero, recurres a mi viejo yo porque conoces bien lo poderoso de la tinta y el papel.

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