lunes, 29 de abril de 2024

Tu cuaderno

 Soy tu cuaderno...


Me recuerdas, soy tu cuaderno, te acompañe por mucho tiempo fui parte de tu niñez, de aquellos primeros garabatos, las formas, y tus primeras vocales, fui parte de tu repetición y la constancia, de paginas enteras practicando tus trazos, fui mas rayado que una cebra, estuve alli cuando hiciste tu primer dibujo; el mar azul, las olas, el sol en lo alto y unas aves en el horizonte surcando los cielos, que parecian moverse por tu imaginación y el sueño de conocerlas.


Recuerdas el día antes de empezar en el jardín de infantes, me escogiste, me compraste, me llevaste a casa y me diste tu toque personal, me pusiste una cubierta y un membrete con el nombre que aún no podías escribir ni tan siquiera leer. Tu madre ayudo con el diseño, producción y decoración de la caratula para tu primer dia de clases, fue el dibujo de tu superheroe favorito con una espada en la mano aun cuando tu justiciero no estaba ni cerca de portar una como arma de defensa.


En la secundaria, fui parte de tu proceso habitual de mutilación, ¿Cuántas hojas arrancaste de mí?, para ser parte de aquellos exámenes sorpresa, adelgacé casi hasta la extinción. Fui usado como parte primordial de tu proceso de juego, con cada hoja que tomabas y te creías un experto del origami, con tu mejor intento de un avión, que bien lo lanzaste del tercer piso y fue un acierto con sabor a victoria cuando chocó con los pies del director. 


Estuve contigo cuando tu adolescencia me convirtió en un lienzo para tu arte, especialmente sobre aquella chica que te gustaba. Los corazones atravesados por una flecha eran más frecuentes que tus anotaciones sobre el trinomio cuadrado perfecto o el uso correcto del pasado participio. ¿Recuerdas el día en que te armaste de valor y, como un gran espía, preparaste tu mejor mensaje cifrado? Hablaste con tu complice amigo y le pediste que esa parte de mí fuese entregada en las manos de tu platonico amor. 

Las miradas y tu tartamudeo fueron más que evidentes después de completar con éxito la mayor hazaña heroica; y, pues sí, ella aceptó verse contigo después de clase, lo que culminó en el beso que no olvidarás.


Soy parte de la convencionalidad y rutina diaria: la lista de compras, el detalle de los repuestos para tu coche, la dirección de aquel café que te recomendaron o la nota de la saga que juraste ver cuando llegue el verano. Aún hoy me usas para tomar nota de lo esencial, y voy formando parte de la evolución; ahora estoy en tu ordenador, tu celular, tu tablet. Eres consciente del mundo que te rodea y lo entiendo, quieres hacerlo mejor; sin embargo, cuando te sientes austero, recurres a mi viejo yo porque conoces bien lo poderoso de la tinta y el papel.






lunes, 22 de abril de 2024

Entre lo crucial y lo trivial

 



A diario, nos sumergimos en un mar de palabras. Algunas conversaciones son cruciales, cargadas de significado y trascendencia. Otras, en cambio, son triviales, como hojas que flotan en la brisa. Pero, ¿qué sucede con todas esas palabras una vez que llegamos a casa? ¿Se procesan, se consumen o simplemente se evaporan?


Las conversaciones cruciales, aquellas que nos tocan el alma, permanecen intactas. Se aferran a nuestra memoria como tesoros, capaces de evocar emociones y recuerdos. Son como fotografías mentales, inmunes al paso del tiempo.


Sin embargo, también están las conversaciones triviales. Esas que llenan el aire, pero que al final del día se desvanecen como humo. Hablamos mucho, pero ¿cuánto resolvemos? La sensación de haber dicho mucho y logrado poco se convierte en una constante.


Quizás deberíamos prestar más atención a cada palabra que pronunciamos, a cada frase, a cada verso. Tal vez, en medio de lo trivial, se escondan pequeñas joyas de sabiduría. Y sería posible que solo así, al cerrar el día, podamos sentir que nuestras conversaciones, incluso las más efímeras, han dejado una huella.


Así que hablemos, escuchemos y valoremos cada palabra. Porque en ellas reside el poder de conectar, de sanar, de cambiar el mundo, una conversación a la vez.


domingo, 7 de abril de 2024

Cuando las palabras no alcanzan

 



¿Qué decir de nuestra personalidad? ¿Cómo encontrar las palabras adecuadas para describirnos? En ese inmenso océano de palabras, a menudo nos enfrentamos a la dificultad de hallar aquellas que encajen perfectamente con nuestro ser. Pero esto va más allá del simple conocimiento de uno mismo. Es un anhelo que trasciende las fronteras de la autoconciencia. Es el deseo profundo de ser más que una mera definición, de escapar de las limitaciones de las palabras y de las etiquetas.


En este viaje hacia la comprensión de nosotros mismos, nos encontramos con palabras que se quedan cortas. Palabras que no pueden capturar la profundidad de nuestra existencia. Porque somos seres en constante evolución, en constante cambio. Somos la paradoja de la certeza y la incertidumbre.

 

Queremos ser distintivos. No queremos encajar en una sola casilla. Queremos desafiar las expectativas y romper los moldes. Queremos ser la excepción a la regla y lo inesperado. Porque la verdadera esencia de nuestra existencia no se encuentra en las palabras que nos definen, sino en las acciones que tomamos, en las conexiones que creamos y en las huellas que dejamos en el mundo.


Se lo pregunte a una inteligencia artificial que palabra usaria para encajar a la complejidad del ser humano, y su respuesta fue "entramado", interpretado como un tapiz tejido, creado con hilos de recuerdos, sensaciones, pasiones y decisiones que nos hacen ser las personas del presente, jugandonos la vida hacia el futuro.


Los invito a seguir explorando, buscando esas palabras que nos describan de manera única. Pero recordemos que somos más que las letras que forman nuestros nombres. Somos la historia que contamos, la pasión que arde en nuestro interior y la esperanza que nos impulsa hacia adelante. Y en ese vasto océano de palabras, encontremos la libertad de ser quienes realmente somos: seres complejos, inabarcables y llenos de posibilidades.



Tu cuaderno

 Soy tu cuaderno... Me recuerdas, soy tu cuaderno, te acompañe por mucho tiempo fui parte de tu niñez, de aquellos primeros garabatos, las f...